Es el kilómetro 36 de la Maratón Olímpica de Atenas 2004. Encabezando la competencia,  el brasileño Varderlei  Cordero de Lima, trata de aguantar el cierre pletórico del italiano Stefano Baldini quien le ha venido descontando segundos en los últimos metros. Quedan poco más de cuatro kilómetros bajo un fulminante sol mediterráneo para terminar con la legendaria prueba que, como delicioso ingrediente extra, presume ser la única con premiación en el estadio Olímpico durante la ceremonia de clausura. Pero Zeus tiene otros planes.

La Fórmula 1 podría ser una de las actividades deportivas con menos cosas en común con el romanticismo  de la Maratón Olímpica, pero aquella mañana de Agosto ambas actividades tendrían un común denominador.

Aquel espontáneo que invadió la pista de Silverstone durante el Gran Premio de Fórmula 1 en 2003 ha decidido interponerse entre Vanderlei da Lima y su aparente destino. El sacerdote irlandés Cornelius Horan corre a detener al fondista brasileño con el propósito de acentuar el mensaje que envió un año antes en la categoría reina del automovilismo: ‘Cristo está cerca, esperemos su segunda visita’

Lágrimas, dolor, miedo, impotencia y rabia se pueden leer mezclados en el rostro del competidor amazónico quien tiempo después confesaría que por un momento pensó que iba a ser apuñalado. Detrás de él, sin saber del desaguisado, Baldini sigue con cierre trepidante perseguido por el estadounidense Mebrahton Keflezighi mientras la imagen de  Cordero de Lima llena las pantallas de la televisión internacional que no dan crédito a lo sucedido.

Instantes eternos pero instantes al fin fueron los que tuvieron que pasar para que Horan liberara a Vanderlei. Los 30 segundos de ventaja sobre Baldini se habían reducido a suspiros. Suspiros provenientes de un hombre  que había liderado una carrera bajo una humedad inhumana y quien ahora tendría que seguir después de haber sufrido un atentado a su cuerpo, mente y espíritu.

El cuerpo del brasileño no soportó  los embates del italiano y el norteamericano quienes finalmente los superaron, pero a su mente le habían bastado menos de 4 kilómetros antes de llegar al mítico Panathinaiko para ponerse en orden. En lo que respecta a su espíritu, se sospecha que fue ese quien cargó por 4 mil metros a un cuerpo destruido.

Contrario a lo que era lógico, a lo que era humano, a lo que era comprensible y a lo que esperábamos todos el público del Panathinaiko no vio llegar a un atleta amargado por perder el oro. La delgada silueta que ingresaba a la legendaria pista era la mejor estampa de felicidad, satisfacción y espíritu deportivo que habían visto esas tierras desde los Juegos Antiguos. Vanderlei no escucharía el himno brasileño durante la clausura olímpica pero no por eso iba dejar mandar besos al graderío y extender los brazos como un avión para obtener la medalla de bronce más dorada de la historia del olimpismo.

Sonaron las notas del himno italiano en la ceremonia de clausura en honor al merecido triunfo de Stefano Baldini. Las barras y las estrellas se bañaron de plata cortesía de Keflezighi pero la ovación de pie fue para el ‘Ordem y Progresso’ al centro de la bandera del competidor que ese día por la mañana dio una lección de lo que verdaderamente significan los Juegos Olímpicos.

Cornelius Horan mandó una carta al Comité Olimpico Internacional solicitando una segunda medalla de oro para su víctima de aquel 29 de Agosto de 2004. El COI negó la petición, en su lugar, decidió otorgarle la máxima distinción que puede recibir un competidor: La medalla Pierre de Coubertin al verdadero Espíritu Deportivo, galardón que solo tienen Vanderlei y nueve otros seres humanos en más de un siglo de historia de los Juegos Olímpicos modernos.

‘Da igual lo que haya ocurrido. Estoy feliz por haber conseguido mi meta, que era una medalla olímpica. Mi bronce es de oro’

– Vanderlei Cordero de Lima-

Son las horas previas a la inauguración de los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro 2016. Se especula mucho acerca de la identidad del último relevo de la antorcha quien encenderá el pebetero para los Juegos de la XXXI Olimpiada. Pelé trata de soportar los embates de quien durante los últimos años le ha vendo descontando adeptos como favorito para ser el símbolo olímpico brasileño. Zeus no se ha pronunciado al respecto.

 

Anuncios