Según Sigmund Freud todo juego ( y del juego nace el deporte) satisface en alguna medida algún elemento no resuelto de nuestra personalidad. Al practicar o aficionarnos por algún juego vivimos el “Eros” (placer) y Thanatos (Frustración) como dualidad que propicia la expectativa. Esta teoría freudiana argumenta que en realidad el ser humano no tiene el control de su vida pues vive a la deriva ante la irremediable realidad de morir algún día el cual ignora. Entonces el padre del psicoanálisis encuentra en el juego un simulacro vital que, a diferencia de la vida real, nos ofrece la oportunidad de controlar nuestro destino.

Como espectador el simulacro se vuelve más complejo pues en este caso tampoco se tiene el control del juego lo cual lo convierte en otra deriva en la cual el aficionado cae con la esperanza de que, a diferencia de en su vida cotidiana, el desenlace de la historia le favorezca y al final SU equipo (porque así lo considera el aficionado) se alce con la victoria como comprobación de que él tenía razón. Por fin algo en su vida le sale bien

¿Pero qué pasa cuando nuestro equipo no nos da las satisfacciones esperadas? Pues entonces el aficionado recibe una cantidad de “Thanatos” constante que en algún momento tendrá que manifestar y entonces PARTICIPAR del juego para cambiar la historia. Necesita a toda costa una dosis de “Eros” para no perder el balance y es entonces donde entra en acción.

Créanlo o no toda esta perspectiva psicológica nos conduce también a una carencia en la mercadotecnia del futbol nacional donde raras son las franquicias que se preocupan por la experiencia de marca y la participación activa de su afición durante el partido.

El aficionado está sometido a altas dosis de frustración durante los juegos, cuando el delantero de su equipo falla una oportunidad clara de gol, cada vez que el árbitro toma una decisión a su juicio injusta, cuando el equipo contrario anota o en el momento que un aficionado rival lo provoca recibe altas dosis de “Thanatos” que, mezclado con el alcohol muchas veces presente y sin otro elemento a la mano para liberar su frustración, lo pone cada vez más cerca de tomar la justicia en sus propias manos.

Ya se ha estudiado que  las barras bravas son el grupo social más sólido en la vida de muchos de sus integrantes que incluso consciente o inconscientemente le dan más importancia al grupo de animación al cual pertenece que al mismo equipo que dicen apoyar. Las letras de los cánticos  hablan cada vez más de la fidelidad y las “proezas” de los barristas generalmente en contra de toda autoridad establecida y menos de los jugadores en la cancha, el término “awante” común en todos los grupos de animación mexicanos se refiere exactamente a ello importando cada vez menos el resultado deportivo.

Se está volviendo un riesgo que estos grupos solo utilicen al futbol como contexto para enfrentarse tribalmente ante sus adversarios en búsqueda de legitimización, de personalidad, y de reconocimiento. Buscan compensar la gran frustración que han sentido durante tanto tiempo, tanto en su vida como en SU juego,  obteniendo con sus propias manos el placer de sentirse superiores a sus adversarios, de haber ganado el juego por quemar una bandera o noquear a quien usa otros colores sin importar realmente como haya quedado el partido. Ellos están jugando su juego.

Es verdad que la Liga MX debe de revisar los protocolos (ya existentes) para el manejo de crisis y adaptarlos a la actualidad así como apretar a los clubes para que garanticen la seguridad en sus inmuebles, pero también es verdad que la Liga no puede responsabilizarse de cada franquicia pues quienes conocen, o deberían conocer, la temperatura social de cada lugar son los locales.

Si las franquicias no encuentran formas de que sus aficionados de manera colectiva liberen un poco esas frustraciones con participación constante durante el partido entonces están cultivando violencia que tarde o temprano va a florecer. El hacer sentir parte del equipo al aficionado es el antídoto contra el veneno, ¡Hay que darle algo que hacer al público durante el partido! Las opciones son ilimitadas y abre un interesantísimo mundo de posibilidades desde el punto de vista mercadológico

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