La turbulencia mas fuerte que sufrió el vuelo de las Águilas rumbo a semifinales muy probablemente se presentó a la hora de aterrizar en tierras guanajuatenses. No se que pero algo tiene el Aereopuerto Internacional del Bajío que, sin importar las condiciones del clima, los aterrizajes siempre son un tanto tensos. De ahí en más el equipo dirigido por ‘Nacho’ Ambriz solo vino a terminar, con maestría, el trámite gestionado a media semana.

El primer hecho que capturó mi atención al pisar la tierra donde la vida no vale nada fue que aun el mismo sábado por la mañana todavía había boletos disponibles en taquilla algo que quien conoce la plaza leonesa sabe no es normal para un partido de tanta trascendencia. Quizás fue el resultado tan adverso en el partido de ida, quizás los rumores de un vestidor dividido, quizás el coraje de sentirse atracados por el arbitraje o quizás una mezcla de todo.

Previo al partido en el sentir de la afición esmeralda se percibía escepticismo. Había esperanza y expectativa claro, pero los argumentos en los cuales se basaban las aspiraciones mas bien tenían que ver con hazañas y anécdotas; la remontada de Pizzi al Basel cuando dirigía al Valencia en 2014 o las grandes gestas de ‘La Fiera’ en Primera ‘A’, si acaso apelaban a la victoria justo por 3 a 0 ante el cuadro de Coapa en la temporada regular pero muy pocos, quizá nadie, sostenían que el cuadro verde pudiera darle la vuelta a la tortilla por sus argumentos futbolísticos. Confiaban en que el León pudiera hacerle tres goles al América, pero definitivamente veían utópico el hecho de que una ofensiva como la azulcrema se fuera en blanco ante la segunda peor defensa del torneo.

Llegó la hora del partido y el estadio finalmente lucio como de costumbre, lleno. Si bien el escepticismo mermó el fervor por conseguir una entrada, fueron la fidelidad y pasión la encargadas de convencer de acompañar a su equipo en las malas, a final de cuentas buenas se han tenido, muchas y recientes. Quedo demostrado que esta afición, aun cuando está herida, es más grande que muchas cuando gozan de salud plena.

Ya sobre la grama del Estadio León, en los instantes previos a que rodará el balón los jugadores del cuadro de casa se aseguraron de cerrar filas con su principal aliado; el público. Sabiendo que el aspecto emotivo estaría a su favor fueron primero Christian Martínez y William Yarbrough quienes, con un sentido abrazo frente a los más radicales seguidores leoneses, se encargaron de destruir la polémica que tuvo a los guardametas como protagonistas. Instantes después, a un costado de la banca local, todos los verdes se reunieron en una ‘piña’ junto con su entrenador y cuerpo técnico para realizar la arenga final. Vestidor divido mis polainas.

Justo a las ocho con seis de la noche rodó el balón y a partir del ahí la efervescencia del ambiente comenzó a menguar. En realidad laconcentración total de la oncena americanista estaba maniatando los ímpetus esmeraldas tanto en la cancha como en la tribuna. Un gol bien anulado a Burdisso trató de conectar al equipo con la grada nuevamente pero no lo logró del todo, ni tampoco los intentos de Burbano por izquierda ni los esbozos de remates de Boselli lograron que el ‘Nou Camp’ hiciera ebullición. Curiosamente fue un ataque americanista el que provocó que el público y  la ‘Fiera’ se reencontrarán cuando de manera providencial otra vez Burdisso era el protagonista de la historia al realizar una salvada imposible en la línea de gol. Había evitado el gol que mataba el juego.

Inmedistamente después de eso una instrucción de Pizzi cambió el momentum del partido. Con gritos y señas el estratega argentino le ordenó al ‘Piri’ Burbano que intercambiara bandas con Elías Hernández, ajuste que de inmediato rindió frutos. Aprovechando el cansancio de Rubens Sambueza debido a la presión de un inagotable Efrain Velarde, Elías Hernández y el ‘hecho en CU’ sofocaron a Paul Aguilar en el sector izquierdo hasta que el cántaro se rompió. Centro de Elías , remate de Burbano, Pizzi había acertado.

La tribuna abandonó su letargo, pero la reacción más evidente se suscitó en el banco de los locales. Todos los suplentes y el cuerpo técnico de los ‘Panzas Verdes’ saltaron como resortes y por fin esas quijadas apretadas y rostros de escepticismo se relajaron. Por primera vez en la noche lo creyeron verdaderamente posible, había llegado el momento del partido que buscaban pero; se acabó el primer tiempo.

El medio tiempo fue una desgracia para el León , las revoluciones bajaron y ‘Nacho’ Ambriz detectó el problema. Para el complemento Rubens Sambueza ya actuaba del otro costado, lejos de las mordidas del ‘Chispa’ Velarde y otra vez, salvo por dos intentos carentes de peligro de un mermado Boselli, el América durmió el partido con la clara complicidad de José Alfredo Peñaloza quien ‘apuraba’ la reanudación de cada bola muerta con la misma determinación que la de un alumno de prepa asistiendo a clases de matemáticas en lunes.

Y entonces desde las bancas se gestó la estocada final. Pizzi volteaba repetidamente a ver sus opciones de cambio pero ninguna pareció convencerle hasta que, motivado más por la necesidad de hacer algo que por estrategia, se decidió por Marco Bueno. El timonel esmeralda mordió el anzuelo.

El más contento con el cambio del León fue ‘Nacho’ Ambriz quien de inmediato entró en acción. Carlos Darwin Quintero entraría a escena  para aprovechar los espacios consecuencia de la salida del lateral Fernando Navarro por el ingreso de Bueno. Se estaba jugando según el guión que el técnico americanista había escrito.

-¡Diego! – gritó el entrenador argentino dirigiéndose a Novaretti quien claramente hizo una mueca de desconcierto, creyó haber escuchado mal, pero al poco tiempo descubrió que sus oídos no le mentían. Como siguiente argumento Juan Antonio Pizzi elegía poner a un defensa central, recientemente recuperado de una lesión, como centro delantero mientras Miguel Sabah, goleador de la Copa MX, veía todo muy lejos del terreno de juego al no haber sido convocado para un partido en el cual su equipo necesitaba 3 goles.

¿Quién salió para que Novaretti ingresara? el otro lateral; Efraín Velarde ¿Qué hizo el timonel azulcrema ? Metió a Benedetto ¿Que pasó? Darío se tardó tres minutos en anotar el gol que sentenciaba al León ¿Quién era el más feliz? Definitivamente Ignacio Ambriz.

Todavía Elías Hernández se encargó de encender una tenue luz de esperanza que el implacable tiempo apagó de inmediato haciendo que la segunda anotación esmeralda se colgara en el marcador más como un premio individual al buen partido del ‘8’ leonés que como un nuevo intento de rebelión esmeralda, pues para ese momento quedaba claro. León no estaría en semifinales.

Luego de sus mezquinos tres minutos de reposición Peñaloza silbó el final del partido ante un estadio lleno que lamentaba el resultado pero sin el drama de otros reveses pues el respetable desde un principio parecía haber acudido al estadio más como un acto de fidelidad que de fe. Acudió a velar los últimos minutos de su equipo en el año con gran parte de la resignación adquirida el miércoles por la noche en el Estadio Azteca.

Por su parte América celebró con la satisfacción del deber cumplido y la promesa de un diciembre apasionante, aunque con la preocupación de tener aun que enfrentar la parte más difícil de su visita a León. Despegar del Aereopuerto Internacional del Bajío.

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